Resolviendo en nosotros se resuelve en nuestros hijos

No me cansaré de repetirlo: cuando queremos resolver algo en nuestros hijos hay que hacerlo en nosotros. Si el niño es pequeño casi al 100% y, si es adolescente, aunque también sería interesante hacer un trabajo interior en ellos, un cambio en nosotros puede también cambiar la situación en ellos.

Nuestros hijos son nuestros reflejos. Todo lo no resuelto en nosotros se puede ver reflejado en ellos. La labor de madres o padres es la mejor labor para evolucionar. Realmente te afirmo que trabajando los temas que nos preocupan en ellos, haciéndolo en nosotros, conseguiremos una transformación personal impresionante. De ahí que sean nuestros grandes maestros.

En el artículo anterior te hablaba de la importancia de disfrutar de nuestros hijos, lo que garantiza en un gran porcentaje su autoestima y, en este artículo, me gustaría que te dieras cuenta de cómo tenemos la capacidad de transformar sus vidas de forma positiva. Esto no significa que serán y se comportarán como nosotros queremos. Esto no funciona así. El cambio es mucho más profundo y siempre es en beneficio a su esencia, a su buena salud física y emocional, a que puedan sacar su verdadero ser, sus potenciales innatos.

Muchas veces el enfoque en los problemas con ellos es hacia el comportamiento, buscando técnicas que corrijan solo los comportamientos. Lo que no se entiende es que esa conducta tiene un porqué y un para qué. El suceso es el detonante pero hay una causa, una raíz de ese comportamiento y, mientras no seamos conscientes de la causa y lo sanemos, el corregir el comportamiento no servirá de nada. Muchas veces es la excusa para trabajar algo mucho más importante. Y trabajando esta causa y trabajándola en nosotros, realmente puede producir transformaciones impresionantes.

Hace poco he podido verlo de primera mano con mi hijo. Desde muy pequeño mi hijo no ha aceptado muchos alimentos. No había forma de que comiera huevos, de verduras y frutas pocas, las legumbres casi obligado… Como muchas madres al principio estaba preocupaba y, en más de una ocasión, tengo que admitir, le obligué; pero eso no soluciona nada, al contrario, lo empeora. Comprendí que no se puede obligar a hacer las cosas. Todo tiene un motivo y un para qué. También, después de formaciones e investigaciones por mi cuenta, me he dado cuenta que lo que dice la medicina y lo que está culturalmente asociado a lo sano y lo que se supone que es necesario comer, no se puede coger como una fórmula exacta para el bienestar de todos. Cada persona es diferente y a veces los niños no comen algo porque ese algo no es bueno en ese momento para ellos o no les sienta bien, otras veces podría ser un punto de atención que necesitan de nosotros o también es posible que haya una causa más escondida que se necesita ver.

Mi hijo no aceptaba comer muchos alimentos y hace poco me di cuenta que yo no aceptaba muchas cosas de él por mis juicios sobre qué es un buen comportamiento y un mal comportamiento según mis creencias. Me liberé de mis juicios sobre él y empecé aceptarlo como es, alguien diferente a mí en muchos aspectos y viendo en los comportamientos que no le benefician a él o a los demás como causas de algo más interno, donde no se sentía bien en lugar de juzgarlo. Fue algo muy importante para mí y empecé a poder disfrutar más de él. Y ¡¡magia!! sin hacer nada de pronto le encanta la cebolla de la ensalada cuando nunca ha querido ni siquiera probarla, y no solo la cebolla sino que ahora le gusta la sepia, los boquerones, quiso probar la alcachofa, está comiendo más ensaladas, frutas (pero en vez de dentro de las comidas fuera de ellas)…

Como te decía al principio, cuando nosotros cambiamos ellos cambian. Y el tema de las creencias muchas veces nos impiden tener una vida abundante, con calidad donde disfrutar de la vida, de nuestros hijos y muchas veces son la causa de no conseguir éxito en nuestras vidas, sea en el campo que sea y, si es nuestro hijo el que refleja este no éxito en algún sector ya sea estudios, amigos, salud, … habrá que ir hacia nuestro interior y preguntarnos qué está reflejando este tema de mí, qué tiene que ver conmigo o qué tengo que aprender de esto.

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