La raíz emocional del bullying

En este artículo os comparto una parte del contenido de mi último libro publicado “Coaching creativo para adolescentes”. Guía para crear el curso que deseas vivir donde hablo sobre el bullying.

Ahí va el texto:

Mientras dentro del bullying hablemos de buenos y malos no solucionaremos el problema. Sé que es difícil para alguien que lo padece como víctima. Puede resultar duro oír esto. Pero si realmente se quiere salir de ahí hay que comprender que la raíz emocional del acosador y de la víctima es la misma. Hay una falta emocional muy grande y los motivos pueden ser varios. Solo que aquí para sobrevivir cada uno ha cogido un papel diferente, pero las dos conductas son la misma: sobrevivencia. Y aquí me dirás que para sobrevivir yo no necesito que me golpeen o me traten mal. Déjame explicarte un poco más.

Para empezar, los adolescentes con comportamientos agresivos, y recuerdo que no hay personas agresivas sino que son sus comportamientos agresivos, no ellos en esencia, pueden tener esas acciones de forma consciente o inconsciente.

Los que tienen esas reacciones conscientes, sus actos para ellos son correctos; según sus creencias es la forma de defenderse frente al mundo, no han conocido otra forma de actuar y es la forma en como su autoestima puede elevarse y no sentirse por los suelos, porque no hay que engañarse. Alguien feliz y con la autoestima alta nunca agrediría a nadie; es imposible. Además, es posible que hayan sido educados o envueltos en un ambiente agresivo. Es la única forma que conocen de estar en el mundo. Por supuesto siempre hay distintos grados. Estos comportamientos son los más difíciles de solucionar porque si el adolescente cree que lo está haciendo bien difícilmente podrá cambiar.

Después estarían los adolescentes con reacciones violentas involuntarias (y aquí podrían entrar incluso los catalogados con tdah). Son adolescentes que tienen reacciones agresivas pero cuando su enfado desaparece se suelen arrepentir de sus acciones. En estos casos frente a lo que esté pasando está actuando la mente inconsciente con sus registros emocionales. Esto significa que pueden haber memorias, de las que quizá ni se acuerden, donde eso que les está pasando en el presente, esa emoción que sienten es la misma donde tienen registrados situaciones pasadas no resueltas y ese suceso está activando esa memoria reaccionando de una forma exagerada.

Los nuevos descubrimientos de la ciencia hablan que estas memorias emocionales podemos heredarlas también de antepasados nuestros, lo que quiere decir que en nuestro ADN no solo heredamos enfermedades sino bloqueos emocionales. Esto tiene también solución aunque, si es algo muy profundo, necesitaremos la ayuda de un profesional.

A veces, no es tanto la memoria pasada sino la acumulación de emociones negativas que estamos viviendo en el presente. Cuando a nivel emocional no estamos cubiertos, no expresamos nuestras emociones, con un exceso de estrés y unido a estar viviendo una realidad que no es coherente a nuestra estructura emocional ni a nuestra forma de ser, se producen estas reacciones. Y esto en mayor o menor grado nos sucede a todos, y no solo a los adolescentes.

Me gustaría hablarte de una historia que me contó una chica de unos 15 años; que durante varios años estuvo padeciendo acoso escolar principalmente de un niño. Al cabo de un tiempo este niño se convirtió en su mejor amigo. El niño se burlaba de ella tratándola muy mal. Su comportamiento no se dirigió únicamente a ella sino también a otros niños aunque con ella fue más fuerte. Llegando a quedarse sin amigos. El niño comprendió que no podía continuar con esa actitud, que no estaba haciendo las cosas bien. Y, en una celebración, ante todo el mundo, se subió al escenario pidiéndole perdón a la chica.

A partir de entonces se hicieron amigos y reconoció que su conducta se debía a su estado emocional; los problemas con sus padres le estaban afectando. Mi deseo es que todas las historias semejantes tuvieran este final. Los problemas nos pueden dar una oportunidad para evolucionar y ser mejores.

Y ahora voy hablar del adolescente etiquetado como víctima quién padece esas agresiones físicas o emocionales.

Hay que comprender que hay un programa dentro del adolescente que está creando estas situaciones y mientras no cambie este programa, puede cambiar de instituto o de ciudad, pero volverá a repetir lo mismo, a no ser que algo dentro de él haya cambiado. Al igual que el acosador, hay una falta emocional importante de la que se puede ser consciente o no.

En algunas ocasiones, es la única forma donde el adolescente es visto, se le presta atención. Por supuesto esto es totalmente inconsciente; la persona no se da cuenta de esta necesidad de atención.

Otras veces es por una sensibilidad muy elevada donde tendríamos que ver su raíz y trabajarla.

Al igual que el agresor, su autoestima no es muy alta, lo que le hace presa fácil para el agresor. Si la persona tuviese la autoestima alta para empezar no le afectaría, le sería indiferente y el agresor perdería su interés en él. Además sus emociones no le afectarían, no sería presa de sus propias emociones lo que haría que a nivel cerebral sus conexiones funcionaran mejor para buscar soluciones y ayudas frente a ese ataque.

Mi intención con este texto es que se entienda que para solucionar las cosas siempre hay que ir a la raíz emocional y solucionarlo desde ahí. Y que se entienda que bajo toda situación da igual que estés en el papel de víctima o agresor hay una necesidad base que no está cubierta.

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Comportamientos agresivos en niños o adolescentes

COMPORTAMIENTOS AGRESIVOS EN NIÑOS O ADOLESCENTES

Por María José Llorach, diseñadora gráfica, escritora, ilustradora e investigadora de desarrollo personal. Con una metodología propia que une creatividad, educación y desarrollo personal.

Primero que nada me gustaría diferenciar lo que son reacciones agresivas o violetas inofensivas de las que no hay que dar mucha importancia ni poner mucho foco sólo un acompañamiento adecuado y de los comportamientos agresivos que si pueden ser graves y tienen consecuencias muy negativas.

Cuando los niños son muy pequeños muchas muchas veces frente a situaciones molestas para ellos y que no les gustan suelen reaccionar impulsivamente pegando, son reacciones que la acción violenta no es exagerada y no causa realmente daño. En realidad en una acción-reacción de defensa sin demasiada importancia. En estas circunstancias no hay que dar más importancia de la que tiene, no hay que poner más foco al tema y sobre todo no enseñarles a que no hay que hacerlo pegando.

En nuestro cerebro tenemos lo que llamamos neuronas espejos y éstas lo que nos dicen es que aprendemos por imitación por eso es tan importante nuestro ejemplo y la forma en cómo solucionamos el conflicto. Si lo hacemos con violencia el niño va aprender violencia, aunque nuestra intención sea lo opuesto. La forma correcta sería explicarle al niño que hay otras formas de poder expresar nuestra opinión o de solucionar las cosas. Y hacerle ver las consecuencias en el otro, enseñándole a ser también empático con el otro. Por eso sería también importante como adultos educarnos en inteligencia emocional y preguntarnos si dentro de nosotros hay rabia. Si hay rabia sea por el motivo que sea o incluso sin ser conscientes de cuál es el motivo aconsejo solucionarlo o incluso hacer sesiones donde poder comprender de donde viene y transformarla porque todo lo que no solucionemos se lo reflejaremos a nuestro hijo y lo repetirá por imitación. Muchas veces también expresan lo que nosotros no expresamos. Yo me di cuenta gracias a mi hijo que tenía creencias equivocadas donde yo no podía expresar el enfado porque creía que estaba mal y mi hijo durante mucho tiempo estuvo dibujando el enfado en todos los rostros de sus personajes que dibujaba. En la medida que me di cuenta hice un trabajo en mi sobre el enfado y empecé a permitírmelo por supuesto sin hacer daño al otro, sólo expresándolo, comprendiendo que es importante enfadarse porque es cuando tu dices NO a algo, que tenía derecho a enfadarme y sobre todo comprendiendo porque estaba enfadaba en realidad. Esto también me permitió acompañar a mi hijo con más presencia y de repente mi hijo empezó ha dibujar sonrisas en sus personajes.

Por eso cuando yo hago sesiones terapéuticas con padres de niños el trabajo lo hago básicamente en los padres, cambiando ellos cambia el niño.

Siguiendo con el tema si nosotros nos preocupamos mucho y ponemos mucho foco en ese comportamiento agresivo es muy posible que las situaciones se repitan. Donde tu pones foco es donde se multiplica. También algo que he comprobado es que a veces los niños pequeños se comportan mal porque a nivel inconsciente necesitan atención. Si mi madre o padre no me hace caso al comportarme mal estoy recibiendo atención por parte de ellos aunque después tenga consecuencias. ¡Ojo!, que de esto no son conscientes, no lo hacen de forma voluntaria. Nuestra mente inconsciente son nuestras acciones o reacciones que no controlamos y no hacemos de forma voluntaria. Esta parte de nuestra mente no es inteligente pero si busca la supervivencia, y el placer, el amor y la atención es supervivencia. Esto no significa que no hay que prestarles atención cuando se porten mal sino que hay que hacer una toma de conciencia de entender que necesita mi hijo para que haya tenido este comportamiento y prestarle atención no sólo en los conflictos.

Es muy importante aceptar cuando el comportamiento ya se ha realizado incluso si ha sido agresivo. Importante aceptarlo porque lo que no se acepta se repite y con más fuerza. Al aceptarlo podremos dar una oportunidad a comprenderlo y darle otra forma la próxima vez. Una forma de enseñarles a manejar estas situaciones sería jugando con los peluches recreando el conflicto, cada peluche representa un niño o adulto que ha formado parte del conflicto y vemos y sentimos las consecuencias con el comportamiento agresivo y lo volvemos a recrear de otra forma preguntándole a nuestro hijo como podría actuar para que el resultado o las consecuencias sean mejores.

El comportamiento agresivo que si sería preocupante y con consecuencias graves sería esas reacciones realmente violentas que podría tener un niño ya más grande o un adolescente. Aquí hablaríamos de dos tipos de reacciones las que son conscientes lo hace de forma voluntaria porque cree que es la forma de defenderse y de actuar. Y además cree que es correcto. Esta agresividad es la más difícil de corregir porque es voluntaria y no se es consciente que no está bien y optendrá consecuencias negativas para él y para el otro.

El segundo tipo de agresividad es la que está movida por la mente inconsciente en la que reacciona de forma involuntaria y normalmente después la persona se arrepiente de sus acciones, pero no ha podido hacer nada. Es muy peligrosa y se puede hacer mucho daño al otro con sus consecuencias después en ellos. Aquí también entraría incluso las reacciones que como padres cuando en alguna ocasión se nos ha escapado la mano. Puedes estar en contra de pegar y quizá en un momento dado les has pegado porque no has sabido gestionar tus emociones y ha sido un impulso involuntario. Esto normalmente requiere un trabajo más profundo, ir a la raíz de la emoción clave que está generando esto. Sanándola en su raíz estos impulsos desaparecen. Cuando hay algo emocional no resuelto si vivimos una situación parecida o una situación diferente pero la emoción que nos general es la misma es cuando podemos reaccionar de forma exagerada incluso cuando la situación no tiene aparentemente ninguna importancia.

Ahora hablemos de un comportamiento agresivo involuntario por ejemplo en un adolescente. Primero habría que ver como se le ha acompañado desde que era niño en sus conflictos, que presencia ha recibido, que necesidades no cubiertas tiene, que grado de agresividad ha vivido en el exterior, en qué grado se le ha dejado expresar sus emociones y sentimientos, etc…

Voy a poner un ejemplo de cómo ha podido implantarse un programa agresivo en él en la mente inconsciente y ahora tiene comportamientos agresivos no voluntarios. Imaginemos un niño pequeño con la autoestima baja, muy sensible que no suele expresar lo que siente y con muchas reglas autoritarias en su alrededor que no le han dejado moverse, y ser como realmente es él en realidad. Imaginemos este niño en el colegio y algunos niños empiezan a burlarse de él o a meterse con él. Con el grado de sensibilidad tan grande que tiene no puede soportarlo y reacciona la primera vez de forma involuntaria, de forma agresiva golpeando a esos niños. A nivel emocional ha sentido un alivio, porque ahora esas emociones de estar ahí abajo de sentirse tan mal han desaparecido. Su mente inconsciente coge ahora un programa el golpear yo hace que no me sienta así. La mente inconsciente como he dicho antes no es inteligente pero si busca la supervivencia y esas emociones no puede soportarlas, en golpear ha encontrado la salida. Este niño va creciendo y cada vez que se va a encontrar en situaciones donde no va a poder gestionar sus emociones va a reaccionar de forma violenta y es muy posible incluso que el no quiera golpear a los demás, pero cuando lo hace no es dueño de sus actos. Todas estas reacciones tienen solución sanando la raíz de la emoción base no resuelta, comprendiendo porque reacciona así y aprendiendo como gestionar sus emociones. Si estamos hablando de adolescentes el papel de los padres también va a ser muy importante.

Cuando hablemos de personas agresivas hay que comprender que también son víctimas, quién peor se comporte es quién necesita más ayuda. Cuando estamos llenos de lo que realmente importa, cuando estamos felicides es imposible hacer daño a otras personas. La agresividad es siempre una falta de amor.

Por último comentar que uno de mis cuentos lo cree precisamente para prevenir la violencia y que esta no se relacione como hacen en las películas y cómics en la forma de defenderse. Hay una valentía mucho mayor cuando se utiliza el intelecto unido al corazón. En mi cuento “En busca de héroes” hablo de este tipo de valentía. Pulsa el enlace para más información del cuento: Enlace para más información del cuento