La magia de los obstáculos

La navidad se va terminando y estrenamos otro año con la esperanza de nuevos sucesos en nuestra vida, con el deseo de dejar atrás lo que no nos ha gustado.

Estas vacaciones son un tiempo mágico de ilusión, de estar en familia y regalos.

Tengo que admitir que la navidad me encanta, me conecta con mi niña interior, aquella que creía en la magia y pensaba que el amor lo transformaba todo, y cuando digo todo es todo literalmente.

Esa niña que era fue creciendo y hubo un tiempo que esa creencia desapareció. Creo que algo en mí se rompió en el momento que me dijeron quiénes eran realmente los reyes magos y después los problemas de la vida ayudaron un poco más.

Yo había sido ese tipo de niña que defendía la magia con arco, flecha y espada. Pero la vida ha hecho que regrese a ella. Mi búsqueda de soluciones y el entender un poco más la vida, mis formaciones, mis investigaciones y mi propia experiencia, me han llevado de vuelta a las creencias que tenía de pequeña: el amor lo transforma todo. A veces cuesta creerlo pero sé que es así.

Es fácil sentir amor cuando las cosas son fáciles y nos pasan cosas buenas. Pero, ¿qué ocurre cuándo todo está al revés, nos hacen daño, vienen los problemas y los obstáculos?

Os puedo asegurar que yo soy la primera que siempre me he rebelado frente a los obstáculos, los problemas, el sufrimiento… Nunca lo he aceptado y siempre he pensado que la vida no podía ser esto; la vida tenía que ser algo más.

Y en mi camino de autoconocimiento y desarrollo personal me di cuenta que mi error era no aceptar, que es diferente a resignarse. Resignarse es saber que no hay más, que la vida tiene esos obstáculos y no se puede hacer nada, pero aceptar significa que ese obstáculo tiene un sentido y no viene exclusivamente para hacernos sufrir.

Así que en este artículo me gustaría regalaros la conciencia de la magia tras los obstáculos y lo que yo he aprendido sobre ellos.

Empezamos un nuevo año, y creer que este año será perfecto y que no habrá ningún problema, ningún obstáculo, es totalmente una fantasía, no es real. Pero ¿y si nos hacemos amigos de los obstáculos?. ¿Y si cambiamos nuestra percepción de ellos y nos damos cuenta que en realidad vienen a ser nuestro trampolín hacia nuestros sueños y nuestras metas?

Siempre que voy hacer una formación o escucho una conferencia me gusta saber la historia personal de esa persona. Es ahí donde aprendo más, de su experiencia personal de qué ha tenido que pasar para llegar a donde está. Me encanta también investigar sobre el proceso que han pasado ciertas personas a las que admiro por sus logros profesionales y humanos. Hasta el día de hoy no he encontrado ninguna historia donde su camino ha sido un camino de rosas. Y algo que me ha sorprendido enormemente: cuanto más éxito ha conseguido una persona, a más calamidades y problemas ha tenido que hacer frente. De alguna forma esos problemas son los que les han hecho adquirir recursos que, sin éstos, no hubieran podido conseguir nunca un éxito tan grande a nivel profesional además de convertirles en una persona más humana.

Los problemas, los obstáculos, vienen para evolucionar, no vienen para hacernos sufrir e impedirnos nuestros sueños, ni siquiera vienen para que los superemos y nos quedemos como antes; siempre vienen para mejorar, para estar mejor que antes, para evolucionar. Y cuanto más grande es tu sueño más grande podría presentarse tu obstáculo. No puede aparecer un problema en tu vida si no tienes la capacidad de trascenderlo, es imposible. La duración de éste dependerá de tu capacidad de aceptarlo, no resignarse y de contestar estas preguntas: ¿Qué me quiere enseñar, para qué está este obstáculo en mi vida?

Desde mi visión de la vida dentro de la educación, dentro del sistema educativo, los obstáculos deberían ser como asignatura obligatoria; aprender a equivocarse, aprender de las equivocaciones, aprender qué nos quieren enseñar, encontrar recursos para trascender los obstáculos.

Y para ilustrar este tema me gustaría explicar una historia real que justo esta semana escuché en un conferencia que me hizo emocionar y comprender la gran capacidad que tenemos de transformar las cosas, el poder que tiene nuestra mente y la fuerza que podemos llegar a tener si tenemos determinación y fe en nosotros mismos.

Esta historia es la de un niño de 8 años que asistía todos los días a una escuela rural. Tenía asignada la tarea de encender una vieja estufa que había en el aula antes de empezar la clase. Había realizado esta tarea durante un tiempo, pero un día encontraron el colegio en llamas y, con horror, se dieron cuenta que el niño estaba dentro. Lo sacaron como pudieron y lo llevaron inmediatamente al hospital más cercano. Tenía más de medio cuerpo casi totalmente quemado, sobretodo de cintura para abajo. Los médicos le dijeron a su madre que no creían que sobreviviera. Su madre se agarraba a su fe y no paraba de rezar. El niño sobrevivió pero les dijeron a los padres que nunca iba a caminar. Cuando el niño salió del hospital le dijo a su madre que caminaría. Ésta, aunque quería creerlo, le dijo que los médicos habían dicho que nunca caminaría. El niño le respondió que los médicos sólo habían visto sus piernas, pero no sabían lo que su corazón le estaba diciendo. Y él iba a caminar. Pasaron muchos días donde Glenn, el pequeño niño, se intentaba levantar, se caía y como podía se apoyaba en algún sitio; volvía a intentar levantarse y volvía a caerse. Su madre tenía que recogerlo una y otra vez. Así pasó mucho tiempo hasta que un día pudo sostenerse y dar un paso, otro día dio dos pasos y otro día dio tres pasos. Su madre estaba muy emocionada; su hijo iba a caminar. Pero éste le dijo que no sólo iba a caminar, sino que iba a correr. Y corrió tanto que, en 1934, Glenn Cunningham rompió el récord de velocidad convirtiéndose en el hombre más rápido del mundo.

Nunca hubiera alcanzado este récord si no le hubiera pasado lo que le pasó. Porque el suceso trágico que vivió le equipó de un recurso mental y emocional que, años más tarde, fueron las claves para su récord. La determinación y la fe en sí mismo fueron claves para su éxito.

Siendo ya adulta y madre, cuando mis hijos ya tenían cierta edad les dije que la historia de papá noel y los reyes magos se creó en cierta medida para repartir alegría e ilusión entre los niños, pero la verdadera magia es el espíritu y acciones de amor que envuelve estas fechas y que existe una magia real y que es tangible; aquella en la que construimos nuestra realidad con la coherencia de nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones. En esta coherencia está el verdadero amor y es cuando la magia aparece de una forma que sorprende y a la que podríamos llamar incluso milagro.

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